La peste del olvido ambiental.
Cuando un país firma su futuro y luego se le borran los nombres.En Macondo, cuando llegó la peste del insomnio, lo primero que se perdió fueron los nombres de las cosas. José Arcadio Buendía empezó a marcar todo con letreros: "esto es una vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche". La gente pasaba al lado del cartel sin entenderlo. El problema ya no era saber qué hacer — era recordar que algo había que hacer.
Colombia firmó el Acuerdo de París en 2016. Firmó el Acuerdo de Escazú en 2022, el primer tratado ambiental vinculante de América Latina. Se comprometió por ley a reducir el 51% de sus emisiones para 2030. Lo hicimos parte del país. Y sin embargo, cada cuatro años, cuando llegan las elecciones, alguien tiene que volver a explicar por qué importa el agua, por qué la deforestación no es solo un problema de árboles, por qué los líderes ambientales están siendo asesinados. Como si nunca hubiéramos firmado nada. Como si la peste del olvido fuera nuestra única política de Estado.
Las dos visiones que más se debaten hoy son distintas, y eso debería ser bueno. La de Abelardo de la Espriella se llama agenda ABC — agua, biodiversidad y comunidades — y propone una minería "responsable" que genere divisas, energías renovables incluida la nuclear, y licenciamientos exprés para mover proyectos productivos. La de Iván Cepeda habla de una transición energética acelerada, prohibición del fracking, una "Inteligencia Ambiental" para detectar deforestación en tiempo real, y el cumplimiento de la meta del 51% de reducción de emisiones. Una visión organiza el ambiente alrededor de la productividad; la otra lo organiza alrededor de la transición. Cada una tiene argumentos legítimos y cada una tiene vacíos.
Y aquí está lo incómodo, porque es lo que hace que ninguna de las dos sea suficiente: en el programa principal de De la Espriella, el cambio climático no se menciona — lo notó El Espectador en su análisis comparativo. Y en el de Cepeda, a pesar de la promesa de transición acelerada, no se renuncia a la explotación de gas y petróleo offshore, incluyendo pilotos de fracking bajo "estrictas evaluaciones técnicas independientes" — lo reportó Razón Pública. Cada visión tiene su pedazo del olvido. Cada una pinta el letrero solo donde le conviene.
Mientras los políticos firman papeles y los técnicos preparan transiciones, los empresarios firmamos otra cosa: reportes ESG, créditos verdes, taxonomías de sostenibilidad, consultorías de huella de carbono. Hay un capital privado en Colombia trabajando por convertir el medio ambiente en infraestructura del futuro. Pero ese capital se mueve más rápido cuando hay reglas claras y una visión de país que no cambia con cada elección.



